Sé fiel a tu esencia

Creces. Día a día creces, observas. Vivimos rodeados de miles de personas, todos con sus problemas, sus personalidades, sus quehaceres. Cada una de las personas que caminan a escasos metros de ti tiene miedos en particular, un estilo de vida y una forma de pensar. No sé, sinceramente, lo que te puedan transmitir a simple vista: a mí me da igual.

Apenas al tener un poco de raciocinio y comenzar a comprender lo que eres en realidad, nos damos cuenta de que estamos inmersos en una sociedad que todo lo mira, que todo lo oye, escucha, critica y, para más inri, señala. Vivimos hacia afuera, controlando nuestros impulsos y formas de ser (en ciertos casos) por ser políticamente correctos, por respeto a nuestros mayores.

Desde niños se nos enseña a llevar nuestro día a día de una forma en particular demostrando así con notoriedad la buena educación que hemos recibido. No critico, ni mucho menos, la buena educación, el trato correcto y las maneras de comportarse. Valores y educación aparte, el camino en la vida de cada individuo queda enmarcado entre dos finas líneas con un horizonte lejano (donde el respeto a lo demás debe estar siempre presente). Acercándonos a ese horizonte, nuestra personalidad se comienza a forjar. Es entonces cuando sucede: ¿y si me apetece actuar de un modo en concreto, qué hago? ¿Qué dirán? Comienza el problema.

La opinión de los demás, a veces, está de más. Hay personas que, además de criticar, parecen darle más importancia a todos los detalles que ocurren en tu vida que a la suya propia. Se creen con derecho a juzgarte, a comentar negativamente todo lo que te ocurre. No dejes que eso suceda. En la vida hay que tomar decisiones, pero siempre guiarse de lo que uno opina, no pendiente de lo que los demás piensen. No cambies tu forma de ser y de pensar por querer encajar.

Solo hay dos opciones: alienarte, admitiendo que no tienes ese valor para mostrarte tal y como eres y acatando las decisiones de otros; o actuar según tus impulsos, siempre que no dañe a otras personas.

Si quieres conseguir esa ansiada felicidad, no pierdas tu esencia ni tus valores, porque el ‘qué dirán’ mina la moral, la autoestima de cualquiera. No necesitas que los demás te aprueben, no te traiciones a ti mismo: sé fiel a tu esencia.

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