¡Música, maestro!

Todo tiene música. Inténtalo. Cierra los ojos, haz un poco de silencio, y, de manera sorprendente, la música aparece en ti. Se hace de rogar: al principio suena un pequeño zumbido, un leve sonido que pasa de murmullo a melodía con ritmo. Ritmo que pasa a ser música. ¡Ahí la tienes!

‘Sin la música, la vida sería un error’. Y Nietzsche no se equivocó. Omnipresencia clara, la música aparece en todos los momentos que vivimos en nuestra vida: en el coche yendo al trabajo, en el gimnasio, en un restaurante, en nuestra mente. Incluso antes de nacer, ya nuestras madres nos cantaban o nos ponían música. La música nos envuelve. Nos permite vivir. Y es que cada canción, cada melodía, recuerda una persona, su lugar y su momento; una circunstancia experimentada. Melodías que nos acompañan desde la mañana a la noche, dándoles un aire musical los instantes de nuestras vidas. La esencia de cada mañana, las escaleras que bajamos y subimos, las noches observando las estrellas, la mirada de la persona amada. Todo tiene música. Y esa música puede cambiar. Cambia tan solo con un brillo diferente, con un cambio de luminosidad, de escaleras, de noches no estrelladas, de miradas no amadas. Cambia la música, su melodía y su ritmo.

¿Qué espacio ocupa la música en nuestras vidas? En la mía, todo. La música es mi acompañante fiel. Es la que me da energía por las mañanas para despertarme (a un volumen un tanto alto, cabe decir), para acompañar emociones y miradas, para añorar y recordar momentos. La poesía de un momento, de hecho, reside más en la música que la acompaña que en el momento en sí. ¿O acaso no habéis escuchado eso de ‘esta es nuestra canción’? Evoca el recuerdo a través del sonido.

Efectos sobre realidad, el almacén interno que tenemos de música no tiene fin. Nos aprendemos una canción al momento, nos erizamos al escuchar una canción, sonreímos con las primeras notas o lloramos al atender a la letra que acompaña a la melodía. Pero todo eso queda guardado siempre dentro de ti, en tu almacén.

Tal y como decía Chaikovski: ‘Si no fuera por la música, habría más razones para volverse loco’. No sé si mi locura llegará a un punto extremo, pero yo seguiré yendo con mis cascos y mi música a todos lados, creyéndome que soy el protagonista del videoclip de mi vida. ¡Y tan feliz!

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