¡Vete ya!

Aquí está. Sin pedir permiso para entrar en nuestras casas. Se sienta en el sofá, se quita los zapatos y se duerme ahí, tan pancha. Tratas de despertarla, de echarla a rastras, pero se resiste. Por fin, tras mucho tirón y fuerza, logras deshacerte de una compañía tan peligrosa. Querida crisis: nadie te quiere.

¿A quién le gusta tener una crisis? Las parejas se rompen, las personas se desestabilizan. Se descontrolan. Lo mismo pasa en las empresas. Su imagen está en peligro; el funcionamiento de su comunicación, tanto externa como interna, está a punto de saltar al precipicio. Y debajo, un número incontable de periodistas y buitres a la espera del mejor cacho de carne: la mejor exclusiva. ¿Y si es un rumor? “Bah, da igual, que se haga información y así hay más juego”, pensarán los medios. Es una noticia caliente, así que…

Y luego dentro, inquietud constante. El jefe, grito al cielo. Y qué más da que sea por un error interno, por un accidente productivo o por un odioso rumor. Da igual. Hay que solucionarlo, y rápido, que si no se vuelve una crisis chunga. Y encima no para de sonar el teléfono. Madre mía, qué estrés en cuestión de minutos.

Ni cinco son los que han pasado y ya están todos identificando el porqué de tal crisis. “¿Y por qué no estaba ese aspecto solucionado?”. “Pues para la próxima, apúntalo ya, que no se nos puede pasar por alto algo así”, apunta después. “Señor, podríamos aplicar el plan 4.0, que dejaría un poco más de tiempo a la empresa…”. “Y cuando se acabe el tiempo, ¿qué decimos?”. Pues muchas opciones tienen.

Lo primero, ver qué soluciones proponen. Después, o callarse como si no pasara nada, señalar al de al lado para que la culpa caiga sobre él… O quizás, un rumor… hasta llegar a la verdad. Y la verdad, honestamente, es lo más difícil para la empresa.

¿A quién le gusta reconocer que se ha equivocado? A nadie. Pero siempre es lo más adecuado. Eso sí, plantea antes un pero como solución al error, que si no… Y tan rápido como vino (quizás lento, como la crisis española), está fuera de nuestras puertas, buscando su siguiente víctima. Buena gestión, buenos trabajadores. Buena dirección. Y la crisis, buena para mejorar. Pero no vuelvas, agotadora crisis.

Vete yaaa…

@arunchulani

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