Desde lo alto

Se disponía a salir a escena. Aparecía de entre los focos mientras los aplausos engrandecían su entrada al show. Como una actuación más en su larga carrera, el malabarista en las alturas lanzaba bolas al aire mientras daba el primer paso en el alambre, a más de 8 metros del suelo. La cuerda, tensa y firme como siempre, la fiel amiga del funambulista, soportaba el peso del artista, dejando boquiabiertos a los espectadores. Noche tras noche. Un baile en la cuerda, pelotas en el aire con difícil visibilidad. El siempre ‘resbalón’ que tan real parecía. Bien preparado, creando gritos, expectación. Y, señoras y señores, una función que da por finalizada.

26 años, barba espesa de varios días. Ojos marrones fijos en el público. El alambrista, día tras día, realizaba el mismo espectáculo con el mismo fin: entretener, asombrar a la gente. Mecánica pura, sus pies iban uno tras otro. Realizaría el resbalón simulado, un par de suspiros de alivio del público y c’est fini pour aujourd’hui. Pero todo cambió en su 718º actuación. La monotonía de su actuación creaba en él una impresión extraña: el público dejaba de ser creíble. Ese momento escalofriante en el que parecía caer provocaba una y otra vez la misma cara en su querido público, donde él era el teatrero. Poco a poco, sentía que él ya no era el protagonista, sino el único espectador, averiguando en ese show número 718 que su público era quien jugaba el papel de reírse, asustarse o gritar en el preciso instante. Al unísono. Y el equilibrista, el espectador que quería ver sus reacciones…

Hace casi 3 años que practica su profesión. Hoy, su espectáculo número 944. Público preparado, telón en proceso de apertura. Aplausos y gritos de emoción. ‘Buena interpretación’, piensa para sus adentros. Y es su turno de actuar, aunque hoy es diferente. El círculo ha de romperse, los papeles, intercambiarse. Volver así a ser él el actor. Encontrar lo imprevisto, lo inesperado. Lo que impresione al público de verdad, sin rol que realizar. Más metros de altura, quizás; más bolas con las que hacer los malabares. Hacer que el público se levante de su asiento; avivar la pasión y llama que arde cada vez menos en él. Es hora de buscar nuevos trucos. Es hora de impresionar… ¿No crees?

@arunchulani

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