Empieza la partida

El futuro de las relaciones internacionales del país venezolano está en el aire tras la muerte de Hugo Chávez

Arun Chulani – Eric Pestano | Santa Cruz de Tenerife

Venezuela se encuentra en una situación difícil. La protagonista de la polémica actual tras el fallecimiento del presidente de su República Bolivariana deja a muchos con la duda de lo que ocurrirá con el país. Detractores y seguidores de la ideología chavista observan el panorama que Nicolás Maduro encabeza hasta la convocatoria de elecciones el catorce de abril.

El probable cambio de régimen trae consigo la incertidumbre también fuera de sus fronteras. La población cubana teme por la firmeza de la relación bilateral que mantiene desde la presidencia de Hugo Chávez. El protagonismo adquirido en la política regional a través de Venezuela, además del petróleo, reflejan la dependencia directa sin reciprocidad, aunque no parece que vaya a ser un punto de inflexión a corto plazo según analistas. Frank Mora, ex subsecretario de Defensa para Asuntos del Hemisferio Occidental durante el primer gobierno de Obama, es consciente de la preocupación en Cuba, pero “no piensa que esto cambie el juego”.

Los datos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) revelan al crudo como uno de los pilares de la economía venezolana, donde más de la mitad de su presupuesto proviene de él. En este ámbito, Bolivia es uno de los principales beneficiados con las ventajas en la compra de gasóleo gracias a la buena relación con Evo Morales, presidente de Bolivia. Su economía podría verse afectada tras la muerte de Chávez: en el caso de tener que devolver la deuda, el país andino tendría que pagar a Venezuela una cantidad que asciende a casi 160 millones de dólares, según publica el Banco Central de Bolivia en diciembre de 2012.

El líder revolucionario mantuvo siempre buenas relaciones con China.  El futuro presidente de China, Xi Jinping, lo recuerda con admiración y matiza que “China trabajará con Venezuela para mejorar y profundizar la cooperación bilateral”, elevando así “la estratégica alianza bilateral a mayores niveles”. Asimismo, Rusia duda que el futuro con Venezuela sea beneficioso, creándose fisuras en su relación. Si se produjera una explosión social que llevase a una situación complicada y revuelta, “se pueden olvidar de la extracción de petróleo y del desarrollo de proyectos estratégicos”, asegura el jefe del departamento de análisis de la Fundación de Seguridad Energética Nacional rusa, Alexander Pásechnik.

Desde Washington han expresado también su dolor por el suceso. La posible mejora de las relaciones entre ambos países tras la elección de un nuevo presidente aparece en escena, a pesar de la consideración de Venezuela como un país poco involucrado en la lucha contra el narcotráfico y muy cercano a uno de sus grandes enemigos asiáticos: Irán.

Las condolencias del Gobierno iraní por la muerte de Hugo Chávez y su compromiso por mantener los acuerdos alcanzados entre ambos países mantienen un eje comercial que inquieta a muchos. Las continuas muestras de rechazo de Ahmadinejad hacia el dominio ‘imperialista’ de los Estados Unidos con el resto de las naciones, incrementan la turbiedad de un clima ya enrarecido, que requiere un tiempo de espera y prudencia ante los próximos acontecimientos venezolanos.

Relación hispana firme

Las apasionadas relaciones entre España y Venezuela se revuelven, nuevamente, para encontrarse en una situación particularmente interesante, donde la relevancia de un voto más o menos el catorce de abril será clave para encauzar unos vínculos que interesan más a empresarios que a una clase baja que llora la muerte del Presidente que les hizo sentir importante.

En nuestro país también se ha notado la muerte de Hugo Chávez. Los más de 130.000 venezolanos que residen en España giran sus miradas hacia el otro lado del Atlántico, al igual que el Gobierno. García Margallo, ministro de Exteriores, ha manifestado que no cree que las relaciones entre ambos países giren sustancialmente puesto que son “sólidas” y la elección de Nicolás Maduro supondría nada más que un cambio de nombre para reforzar un sistema que Chávez se encargó de madurar durante catorce años.

La cuestión a plantearse ahora es cuál es ese nivel de solidez del que habla Margallo. Los claros antagonismos en política económica del Gobierno venezolano y el español no parecen apuntar a un vértice común, y más cuando las multinacionales levitan sobre la nube de la expropiación y nacionalización constante.

Repsol, con grandes intereses en Sudamérica, vivió en agosto momentos de máxima tensión cuando Hugo Chávez llegó a afirmar que la empresa española “debería pensarlo muy bien antes de pretender agredir a YPF”, en relación a la decisión del Gobierno Argentino de expropiar la filial de la multinacional.

Mientras tanto y de camino a las elecciones, el escepticismo reina entre una población dividida entre los acotados privilegios de Chávez hacia los ricos y la prosperidad de una clase baja que, por primera vez en mucho tiempo, han sido señalados en el mapa.

@arunchulani | @ericpestano

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