Buscando un Hércules

Le regalaron una lupa a sus tres años. Si bien no era un regalo que un niño de su edad suele recibir, su cara mostraba que era lo mejor que le podían haber dado. Observaba tras sus gafas cualquier mínimo detalle que consideraba anómalo, raro o que, directamente, le llamaba la atención. Todo podía ser objeto de estudio para el pequeño James: el esmalte de uñas de su madre, el camino de hormigas que se formaba en la bola de caramelo escondida en el hueco secreto de su cuarto, la bola de caramelo y su evolución con el paso del tiempo… Pero, sobre todo, lo que más le daba vida era buscar a Hércules. No el personaje, no el dibujo animado que le entretenía en sus meriendas. El escarabajo Hércules, de la familia de los escarabajos rinocerontes. No quería un perro, un gato o un pez que le acompañaran en su infancia: quería un Hércules.

Lo llamaban “bicho raro”, y no por su forma de ser. En el desarrollo de su vida le acompañaban sus ganas de búsqueda, su ímpetu explorador, sus libros de escarabajos y, por supuesto, su lupa. Algo gastado y con algún que otro rasguño, tenía un compartimento especial en su cinturón, como la pistola para un policía. En cada excursión, se separaba del grupo para investigar. No conseguía encontrarlo, pero se divertía con cada paso que daba. Descubría cosas que nunca imaginaba ver, pero no a él. Tampoco lo encontró en su paso por la Universidad. Ni en su boda, ni en su luna de miel. Muchos criticaban su búsqueda, tachándola de locura, de inalcanzable. Podría ser cierto: James lo sabía. A pesar de ello, no era Hércules lo que podía conseguir hacerle feliz. No era el amor platónico de su vida, ni tampoco encontrarlo era su gran meta. Cierto es que era una de ellas, no os miento. Sin embargo, y contra todo pronóstico, lo que le fascinaba era mirar a través de aquella lupa. Había descubierto especies que sus libros no recogían, obteniendo imágenes que quedaban grabadas en su retina y que nadie más tendría. Era afortunado por haber conseguido dar cada paso que había dado, por no haberse rendido. Su gran victoria. No logró en su vida ser dueño físicamente del escarabajo, pero sin serlo, lo era. En cada búsqueda. En su lupa: Hércules. Y él, dueño además de recuerdos que jamás nadie podría vivir…

@arunchulani

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