Algo no tan desagradable

Presupuso que su marido, tras 12 años casados, ya no la amaba: ni gestos, ni emociones. Ningún cariño, por muy insulso que pudiera parecer. Pero aquella lectura cambió la manera de ver su rostro, la mirada que escondía y que tan poco le demostraba. Aquel texto, que apareció entre las páginas de la revista que había cogido de la peluquería ese día, dio un vuelco a su vida, a su sonrisa. A su corazón. Aquel artículo era su lección del día y del resto de su vida, la respuesta a tantas noches desveladas. La razón de la inexpresividad de su marido a la hora de amar, a la hora de hablar. De emocionar. Lo que es fácil para ella y lo que para él es su mayor dificultad. Diferenciar sus emociones; más aun, demostrarlas.

Sentirlas. Era alexitímico.

 – Te quiero. Sé que, de por sí, cuesta decirlo, pero ahora sé que a ti te cuesta más. Te cuesta decirlo, identificar qué son las mariposas que tienes en tu barriga. Descuida: ni te preocupes. Puedo leerlo en tus ojos: mis te quiero son también los tuyos.

A través de los cristales de sus gafas, el brillo de sus ojos hablaba por él. Sus mejillas cogían un color rojizo que, para él, se traducía en sangre que se acercaba cada vez más a sus mofletes, pero sin ser algo destacable como para provocar una sonrisa en su mujer. Pero sus mejillas quedaban fuera de sí, en una coraza que lo defendía del mundo emocional que llevaba dentro. No sé si en aquel momento tenía ganas de llorar, de reír o, contra todo pronóstico, de sacar toda su agresividad. No contra ella, no, sino hacia él mismo. Quizás, solo quizás, sus emociones se habían unido y aliado en una zona difícil que le prohibían saber cómo debía actuar, dejándolo sin saber si sentía miedo, enfado o dolor. Consecuentemente, sin ideas que mostrar… Algo imposible de describir. Él, que no quería herir los sentimientos de nadie, luchaba para poder decirle algo más que un “no sé”, pero no sabía que sentía. ¿La amaba? Quién sabe. Para él, todos esos síntomas tenían por definición “algo no tan desagradable”. Lo que conocemos como amor, desde otra visión. Amor: algo no tan desagradable.

Sudor. La gota de sudor del cuello recorría su cuerpo y parecía intentar contrarrestar el calor que comenzaba a sentir en él: ella lo abrazaba. En su cabeza, hemisferio izquierdo y hemisferio derecho confundían sus fibras de interconexión más que nunca, dejando su sentir sin reconocimiento ni verbalización alguna. Como siempre en los alexitímicos: como nunca en él. Llegó a pensar, incluso, que esa intensa sensación era de enfermedad. Aun así, el gesto de su rostro no expresaba nada, ningún cambio ni ayuda que hiciera que Roxanne entendiera que su acción tenía repercusión. Debía fijarse, si acaso, en esa gota de sudor que se acercaba a su ombligo, terminando el recorrido de su efímera vida en su pantalón. Un nimio detalle que encerraba tanto.

Alejó su cuerpo del de Roxanne. Sus ojos seguían brillando; sus mejillas, enrojeciendo. Y su boca, preparada para describir la situación con detalle, limitándose a lo que ve y no a lo que siente. Sin implicaciones.

– Me produces calor. Has acelerado mi ritmo cardíaco. Respirabas muy rápido y apretabas mucho mi cuerpo al abrazarme. Me hiciste transpirar. Sentirme incómodo. No sé si estoy enfermo. Es algo no tan desagradable.

Su expresión facial no varió; tampoco su voz. Monocorde. Para cualquiera que lo oyera, sería una frase más, incoherente, sin sentido. Pero no era para cualquier persona: era para ella. La frase más coherente hacía mucho tiempo. La mejor manera de decir un “te quiero”.

 @arunchulani

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